viernes, 14 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (3)


No hay varita mágica (3)
Las matemáticas es ciencia exacta: 2+2= 4 y así podríamos ir a una sumatoria infinita, por citar un ejemplo. Por más que han tratado de desvirtuar este concepto, no han podido y es lo que conoce el humano desde hace muchísimos siglos.
Aunque existen variadas discusiones acerca del concepto y uso del término lógica, para no entrar en esas honduras, vamos a recordar que solemos emplearlo cuando decimos, por ejemplo: tengo gripe pero no le paro, voy a sitios donde hay frío extremo y agarro tremenda neumonía, termino en un hospital o clínica y lo primero que te dicen es “te pasa por no cuidarte, es lógico que termines aquí”.
Veamos una realidad absoluta: si un país como Venezuela donde ningún gobierno ha podido echar a andar un auténtico programa de desarrollo agrícola y pecuario, salvo las acciones del sector privado, es lógico que presente un déficit elevado de productos que permitan a la población, cercana a los 30 millones de personas, satisfacer las necesidades alimenticias, razón por la que debe apelar a las importaciones y así favorece a los productores de otras naciones. Para eso dispone de los ingresos petroleros, pero no podemos olvidar que ese líquido espeso que está en el subsuelo no va a ser eterno.
Recuerdo que en los inicios de los 60, en el arranque de la era democrática venezolana, se puso en marcha el programa de la Reforma Agraria y alcanzó algunos resultados positivos, pero la mezquindad política, la pobreza mental de la dirigencia política, terminó por echar a tierra el proyecto, además de la presencia de zamuros que se beneficiaron y no pagaron los créditos recibidos de manos del Estado, en una clara evidencia de corrupción no combatida en varios organismos oficiales.
Para la década de los 90 es cierta la existencia de una producción interna que cubría una buena parte de la demanda alimenticia del venezolano, pero nunca se ha llegado a tener la totalidad del producto sembrado y cosechado en nuestras ricas tierras.
El eterno coco del humano será el reto de producir la cantidad necesaria de alimentos, para que no haya hambre. Las tierras enriquecidas de manera natural, son el manjar que todos quieren tener en sus manos y hay pueblos, a través de la historia, que se han enfrentado en cruentas guerras para apoderarse de la tierra y del agua que corre por los cauces de los ríos.
Y el problema es que el crecimiento de la población mundial se traduce en mayor demanda de alimentos y agua potable. En Venezuela los politiqueros, por esa “mesma” condición, no han entendido la necesidad y obligación de alcanzar una producción interna capaz de llevarnos al autoabastecimiento.
Se requiere actualizar los estudios que se han hecho y que identifican las cualidades nutritivas de cada tierra, para de esa forma tratar de iniciar la siembra del petróleo, ¿cómo, vamos a comer petróleo? no vale que los ingresos petroleros permitan desarrollar esa política decidida para determinar la adquisición de las semillas certificadas, los equipos mecánicos para facilitar el arado de la tierra, las investigaciones indispensable para obtener el mejor rendimiento integral donde se debe involucrar a las universidades, disponer de los servicios remunerados de ingenieros agrónomos y de otros profesionales relacionados con ese sector, invertir para el mejor aprovechamiento del agua, luego brindar la protección necesaria a lo cosechado para que no se deteriore, mientras se distribuye a los centros poblados para su venta y consumo, así como brindar el cuidado debido a quienes trabajan en el campo.
Parece fácil, pero es complicado, porque la falta de gerencia, de honestidad, de disposición siempre lo ha tornado en difícil. La prueba está en la cantidad de organismos creados para desarrollar un programa de generación de alimentos, pero el fracaso ha sido rotundo, tanto que hoy Venezuela importa más de 70 u 80 por ciento de lo que consumimos.
Una de las causas de ese fracaso está en otorgar créditos que luego no son destinados al proyecto agrícola o pecuario. Pasa porque no aplican las supervisiones obligatorias, comprobar que se cumple con el cronograma. Lo más grave es que ese financiamiento se pierde, no es recuperado, quedando otros en espera y frustrados, al ver que no se reciclan los créditos. Además, en los organismos los funcionarios deshonestos y sinvergüenzas colocan alcabalas con sus respectivas tarifas, para aligerarte la solicitud.
Nunca han faltado los “vivos” que se han apoderado de tierras que son lomitos, de maquinarias y amasan fortunas a expensas de explotar de manera inmisericorde a quien le trabaja. Han existido siempre, de manera lamentable, hasta con trampas. Hay quienes se han apoderado de miles y miles de hectáreas de través de los años, pero es que nunca ningún organismo gubernamental frenó esto, pese a que existen leyes al respecto, pero como siempre, las dejamos en letra muerta.
Cuando el actual gobierno arrancó una de las primeras cosas que hizo fue enfilar contra el latifundio, contra los llamados terratenientes, porque debía hacer una distribución justa y social de las tierras y así se le echó mano a centenares de fincas, fundos y haciendas, sin pagar las bienhechurías y metieron allí a personas que no saben cómo es el trabajo ni agrícola ni pecuario.
¿Cuál es el resultado? la mayoría de esas instalaciones que eran productivas, pasaron luego al abandono total, quedando como una gran mentira la promesa de poner esas tierras para la producción de los rubros que permitieran llegar al autoabastecimiento. Se quiso hacer una gracia y salió una morisqueta, tal como lo hicieron con empresas que suministraban los insumos, hoy destrozadas.
Fracasó porque las personas que metieron allí no recibieron la asistencia del Estado, quedaron a la deriva y sin poder responder como se lo habían pedido. Donde labraron la tierra y sembraron, las cosechas fracasaron porque no hubo asesoramiento, todo el afán decir que si estaba en proceso revolucionario. En terrenos del Valle del Turbio está la prueba con la pérdida de la siembra de girasol.
El cuento es muy largo, pero queda claro que país que no produce alimentos para su autoabastecimiento, queda condenado a importar; gobiernos que no estimulen a los productores locales, no tendrán como llegar al autoabastecimiento.
Sin necesidad de ser un estudioso de la economía tenemos claro: si no tengo producción interna de alimentos, debo importar, al importar se invierte más dinero para traer los alimentos, y se termina con  un precio final elevado que lo paga es el consumidor, lo cual se suma a los altos índices de inflación.
Sueldo básico siempre por debajo de la inflación, significa un cinturón sumamente apretado para un grupo familiar. ¿Cómo hacer para eso se revierta? pues estimulando la producción interna para que haya abundancia, variedad y así la competencia, pero tratando de garantizar que el de menor poder adquisitivo pueda conseguir el alimento, disponer de alternativas. A mayor inflación, mayor presión para que se aumenten los sueldos y de esa forma la cadena siempre va estar en un mismo lugar, estática, porque el engranaje no funciona.
El sector pecuario sobrevive, pero debería alcanzar una producción abrumadora, única manera de impedir que los precios continúen en ascenso y es que resulta tan sabroso cuando uno va a un mercado popular, un auto mercado y encuentra las neveras full, un sinónimo de abundancia y de tener la oportunidad de escoger.
El Estado debe financiar las investigaciones en las universidades, para que de manera conjunta con grupos de productores puedan desarrollar ejemplares de distintas especies que terminan en producto cárnico, en base a un alto rendimiento. El ejemplo más palpable es el ganado tipo Carora, donde los productores privados han pasado varias décadas para obtener resultados.
Lamentable que el actual gobierno haya echado mano a varios fundos donde estaban desarrollando otras investigaciones, cuyos resultados ya no se conocerán porque los procesos fueron interrumpidos, no les dieron continuidad y así no se puede salir adelante, ni se puede aspirar a tener un desarrollo en el sector alimentario, por lo que no podemos hablar de “soberanía alimentaria”.
¿Cómo sería nuestra situación si Venezuela no tuviera petróleo? las cosas fáciles las convertimos en difíciles, que va….
José Flores Ávila….14/09/2012







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