No hay varita mágica (I)
Creer que una persona llega a la presidencia de una
nación con una varita mágica en la mano, para solucionar todos los problemas,
es mantenerse fuera de la realidad. Esto viene al pelo ante las próximas
elecciones presidenciales en nuestro amado país.
En la historia de Venezuela desde 1958 al 2012 se
han presentado varias ocasiones en las cuales el único producto que nos brinda
un ingreso seguro, el petróleo, ha
alcanzado precios que han generado cifras mil millonarias de dólares, pero
nunca antes como en los últimos años, pero con el mismo resultado: desperdicio
absoluto.
HCF en los 14 años de gobierno ha desperdiciado la
gran oportunidad de echar adelante al país. Por un lado esos ingresos petroleros
no han sido distribuidos, de modo tal, para permitirle al venezolano una mejor
calidad de vida integral.
Veamos: los gobernantes y alcaldes, quienes en
amplia mayoría al principio pintaron de rojo el mapa geopolítico del país, no
han podido desarrollar a sus entidades, a las ciudades. Su propio “líder” les
ha negado la posibilidad de cumplir, lo que en resumidas cuentas, se revierte
contra él “mesmo”. Que decir de los estados donde gobiernan los de la
oposición, pues no les entregan los recursos y ¿cree HCF que le hace un daño a
los gobernantes y alcaldes que se le oponen? pues no, afecta al “pueblo” a
final de cuentas, porque los funcionarios electos pasan y los problemas que
aquejan a las comunidades quedan allí.
Contó con un gran chance de llevar a Venezuela
hacia un rumbo positivo, pero no lo ha aprovechado, por el contrario, sigue
afianzándose en la teoría de que es el representante de la gente pobre, en su
único defensor ante el olvido de quienes gobernaron al país desde 1958 hasta
1998 pero vale preguntar ¿qué ha hecho HCF para revertir la situación de los
pobres?, o sea, hay que mantenerlos en esa posición porque es la única forma de
que su mensaje llegue. Gobierna apoyándose en la miseria, pero no hace nada
para que se supere el individuo.
Reconozco que es cierto cuando se dice que en esos
40 años de democracia (58-98) se lograron algunos avances, pero muy en el fondo
se permitió que la pobreza creciera, se descuidó a aquellos grupos sociales
donde surgieron comunidades sin coordinación, llenas de necesidades mínimas; no
se le brindó al venezolano desorientado una alternativa para satisfacer sus
expectativas en todos los sentidos. Los ingresos petroleros de entonces,
tampoco fueron reinvertidos para mejorar.
Aquellos proyectos desarrollados, muchos de ellos
bajo una administración de dictadura, aún permanecen en el tiempo:
urbanizaciones, centros asistenciales, edificaciones educativas, carreteras,
orden y seguridad, generalmente con mano dura, pero las cosas funcionaron y de
que manera, todas las obras están allí, en pie y la mayoría son únicas, porque
del 58 hasta hoy, no han podido superarlas.
Lo que se hizo para aquel momento, lograba
satisfacer las expectativas del venezolano, pero llegada la era democrática, no
se vio más allá para ir complementando, de acuerdo a las necesidades que
surgieran, las soluciones.
La historia de nuestro petróleo comienza en plena
dictadura de Juan Vicente Gómez. Si bien las empresas explotadoras sacaron el
mayor provecho económico, algunos cambios se dieron en aquella Venezuela
absolutamente rural, sometida al caudillismo, donde la fiebre de las guerras y
las guerrillas se mantuvieron, hasta la llegada de Gómez. Mientras nuestro país
se debatía en la lucha del poder de unos caudillos, en otras naciones, por
cierto muy criticadas, iban superando páginas similares para enrumbarse hacia
lo que hoy son: países donde los problemas no están ausentes, pero con un cierto
desarrollo.
A través del petróleo de esa época gomecista nos
quedan aún, en uso, muchas carreteras y puentes, de manera especial en las
zonas andinas, por esas mismas donde uno supone anduvo El Libertador. Cabe
preguntar ¿acaso el petróleo, la mezcla para el asfalto, el cemento y las
cabillas de la era de Gómez eran mejor que los actuales productos?. Eso precisa
que no hemos aprovechado la tecnología y es que ésta queda a un lado,
desechada, cuando surge la deshonestidad.
Mientras esa vialidad gomecista lograba satisfacer
la necesidad de movilizarse en forma más segura por las vías, recuerden que los
vehículos no desarrollaban altas velocidades y había más conciencia para conducir,
por otro lado el venezolano del campo comenzó a abandonar su terruño, llevando
a Venezuela a dejar de ser, paulatinamente, un país de vocación agrícola y
pecuaria. Se fueron a merodear en las capitales de las entidades federales,
creyendo que el “oro negro” podía ser su salvación.
No olvidemos aquella frase del desaparecido
historiador y gran figura venezolana, aunque no perfecto porque nadie lo es,
Arturo Uslar Pietri, cuando, algo menos algo más, recomendó la siembra del
petróleo. Han pasado las décadas, estamos en otro siglo, y seguimos esperando
por esa siembra.
Muchos políticos que luego llegaron a ejercer poder
en Venezuela del 58 al 98 surgieron en la cuarta década del siglo pasado, una
vez desaparecido físicamente Gómez y dejaron huellas, con sus ideales, pero que
al momento de mandar, no respondieron a las expectativas (Rómulo Betancourt,
Rafael Caldera, a quienes se unen Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera
Campins). Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos,
tratan de hacer algo, pero las interrupciones de los activistas políticos,
colocan obstáculos y Venezuela, país del cual se dice que llegó muy retardado
al siglo XX por la dictadura de Gómez, hasta mediados de la década de los 30 no
terminaba de arrancar. Por cierto, la Maternidad Concepción Palacios de
Caracas, fue inaugurada en 1938 por López Contreras, ¿cuántas de esas
edificaciones hay diseminadas en la capital venezolana y en el interior del
país?.
Sin pretender generar una defensa absoluta de Pérez
Jiménez, nos encontramos que se produce una explosión, en positivo, con el
desarrollo habitacional y es difícil encontrar una ciudad capital de estado que
no tenga esas muestras. Lo mismo con los hospitales, muchos de ellos de
categoría universitaria: dos ejemplos nada más, el insertado en la Ciudad
Universitaria, sede de la UCV, así como el Hospital Central de Barquisimeto,
Antonio María Pineda. En materia vial la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada
en 1952 sigue siendo la única, ahora con un viaducto nuevo construido en esta
supuesta revolución, ante la emergencia ya conocida. Si para la época de Pérez
Jiménez se hubiese contado con la tecnología actual como para detectar el
desplazamiento de la masa de la montaña, les aseguro que el antiguo viaducto lo
hubieses hecho fuera del área de peligro.
La autopista regional del centro es un proyecto
perezjimenista y han pasado 50 años de estar en servicio, ya no es suficiente
para la circulación de miles y miles de vehículos de todos los tamaños que por
allí circulan, el tiempo de vida útil del viaducto de La Cabrera se acaba y lo
más impresionante es que ni los anteriores gobiernos y menos el actual, idearon
una nueva vía. El Puente sobre el Lago de Maracaibo está allí, se sostiene aún
pese a la falta de mantenimiento.
Vayan a Panamá y vean su esfuerzo. Un país con
menos recursos que Venezuela, donde su principal ingreso proviene de la
administración del Canal transoceánico, se han dado el lujo de construir una
autopista desde Ciudad de Panamá a Colón, donde está la zona libre. Hecha con
concreto porque les sale más económico que el asfalto. Facilita así el traslado
de millones de turistas, de miles de comerciantes que van a comprar en Colón y
queda la antigua carretera como una alternativa. Revisemos nosotros las vías
alternas a nuestras autopistas, full de huecos y de inseguridad. ¿Ejemplos? La vieja
carretera Caracas-La Guaira rodeada de barrios marginales donde impera el toque
de queda para sus habitantes, peor para quienes osen circular en vehículos o
motos; en Lara la vía vieja a Yaritagua y la de San Pablo, en absoluto
abandono.
Después de Pérez Jiménez llegó esa época
democrática, pero en el tiempo surgieron los descuidos, la falta de visión y se
permitió el surgimiento de barrios en todas las ciudades, sin atinar a invertir
lo necesario en desarrollos habitacionales para minimizar los ranchos. Muchos
gobernantes y alcaldes tenían precisamente eso, el rancho en la cabeza y el
Estado, como planificador, se desvió totalmente. Siempre han recomendado el
crecimiento habitacional vertical, para aprovechar mejor el espacio del
terreno, pero ni lo uno ni lo otro. Por ello la demanda comenzó a superar la
oferta y así se ha mantenido y agravado en los últimos años.
La administración de justicia, en todos sus
niveles, comenzó a diluirse. De aquellos jueces probos, honestos, de aquella
Corte Suprema de Justicia donde sentaban jurisprudencia, de aquellos
funcionarios policiales que no descansaban hasta que lograban resolver un caso,
hoy tenemos una debacle total y un país donde su administración de justicia
está en duda, por ser uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad,
cae en una situación lamentable: la impunidad.
Tanto en la democracia como en el desgobierno
actual, se ha negado la importancia de la justicia. No es secreto que en
gobiernos anteriores muchos jueces llegaron a tener una identificación con el
partido mandante de turno, pero no con el descaro actual. Es más, el órgano
rector de los jueces, se convirtió en muchas ocasiones en el vehículo ideal
para pasarle factura a algún juez no afecto al mandante de turno. Es verdad que
algunas veces castigaron a jueces a quienes se les comprobó irregularidades,
pero centenares de denuncias que han debido procesar se quedaron en el papel.
Ahora es peor: los jueces le temen al mandante, obedecen órdenes partidistas de
manera exclusiva, enfilan hacia los opositores y nada se investiga de casos que
toquen a los afectos.
Así tenemos a la Fiscalía del Ministerio Público, a
una llamada Defensoría del Pueblo, a la Contraloría General de la República,
desde donde se ha fortalecido la impunidad y con ello luz verde a la nefasta corrupción.
Que decir de los organismos policiales: rezagados
más de 40 años con respecto a la tecnología, cuando deberíamos tener policías
con unidades bien equipadas, sedes policiales con equipos necesarios para
realizar las primeras experticias que permitan asegurar la identidad del autor
del delito, recabar pruebas, disponer de lo más mínimo como para elaborar un
expediente sólido que ayude a la Fiscalía a presentar la acusación capaz de
meter en la celda al culpable.
Pero no, el descuido ha sido tal que nuestra
policía se ha convertido en un ente que genera desconfianza: funcionarios mal
preparados, mal pagados, desestimulados en el aspecto de seguridad social,
expuestos a la justicia si actúa con mano dura, todo ello los convierte, sin
generalizar, en blanco fácil para la corrupción.
Sedes donde trabajan en condiciones inhumanas. Vean
la sede del CICPC de la zona industrial de Barquisimeto, cada vez que llueve se
forma una piscina y mientras hay grandes cantidades terrenos vacíos, muchos de
ellos invadidos, donde hace más de 30 años se hubiese podido construir una
moderna sede para ese organismo, acorde con la importante ubicación geográfica
de Barquisimeto. La morgue del Antonio María Pineda es la única, desde hace más
de 60 años.
Entonces: ¿cómo no va a existir la impunidad si
tenemos policías mal formados, pagados y mal equipados; empleados tribunalicios
que cada año demandan el pago de sus beneficios socioeconómicos; jueces cuya
permanencia depende cada día de un hilo? La guinda está en las cárceles ¿a eso
le podemos llamar sistema carcelario? Donde se ha negado la posibilidad de la
reinserción social del individuo que ha delinquido.
Estos son algunos de los panoramas que debe
enfrentar cualquier persona que llegue a la presidencia de Venezuela. Nada
fácil, complicado aún más por quien ha tenido la oportunidad de comenzar a
enmendar todos esos errores, pero no lo ha hecho. Tuvo 14 años para echar
raíces de soluciones, no llegaron.
Puede llegar otro a la presidencia, pero allí tiene
el reto inmenso, no pueden pedirle que saque de la manga la varita mágica,
porque esa no existe. Rodearse de personas serias y capaces, desprenderse de
quien no lo haga bien, sin remordimiento de ningún tipo porque para tener malos
amigos, es preferible entenderse con los enemigos.
En próximos días otros artículos sobre nuestra
situación.
José Flores Ávila……11/09/2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario