martes, 11 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (1)


No hay varita mágica (I)
Creer que una persona llega a la presidencia de una nación con una varita mágica en la mano, para solucionar todos los problemas, es mantenerse fuera de la realidad. Esto viene al pelo ante las próximas elecciones presidenciales en nuestro amado país.
En la historia de Venezuela desde 1958 al 2012 se han presentado varias ocasiones en las cuales el único producto que nos brinda un  ingreso seguro, el petróleo, ha alcanzado precios que han generado cifras mil millonarias de dólares, pero nunca antes como en los últimos años, pero con el mismo resultado: desperdicio absoluto.
HCF en los 14 años de gobierno ha desperdiciado la gran oportunidad de echar adelante al país. Por un lado esos ingresos petroleros no han sido distribuidos, de modo tal, para permitirle al venezolano una mejor calidad de vida integral.
Veamos: los gobernantes y alcaldes, quienes en amplia mayoría al principio pintaron de rojo el mapa geopolítico del país, no han podido desarrollar a sus entidades, a las ciudades. Su propio “líder” les ha negado la posibilidad de cumplir, lo que en resumidas cuentas, se revierte contra él “mesmo”. Que decir de los estados donde gobiernan los de la oposición, pues no les entregan los recursos y ¿cree HCF que le hace un daño a los gobernantes y alcaldes que se le oponen? pues no, afecta al “pueblo” a final de cuentas, porque los funcionarios electos pasan y los problemas que aquejan a las comunidades quedan allí.
Contó con un gran chance de llevar a Venezuela hacia un rumbo positivo, pero no lo ha aprovechado, por el contrario, sigue afianzándose en la teoría de que es el representante de la gente pobre, en su único defensor ante el olvido de quienes gobernaron al país desde 1958 hasta 1998 pero vale preguntar ¿qué ha hecho HCF para revertir la situación de los pobres?, o sea, hay que mantenerlos en esa posición porque es la única forma de que su mensaje llegue. Gobierna apoyándose en la miseria, pero no hace nada para que se supere el individuo.
Reconozco que es cierto cuando se dice que en esos 40 años de democracia (58-98) se lograron algunos avances, pero muy en el fondo se permitió que la pobreza creciera, se descuidó a aquellos grupos sociales donde surgieron comunidades sin coordinación, llenas de necesidades mínimas; no se le brindó al venezolano desorientado una alternativa para satisfacer sus expectativas en todos los sentidos. Los ingresos petroleros de entonces, tampoco fueron reinvertidos para mejorar.
Aquellos proyectos desarrollados, muchos de ellos bajo una administración de dictadura, aún permanecen en el tiempo: urbanizaciones, centros asistenciales, edificaciones educativas, carreteras, orden y seguridad, generalmente con mano dura, pero las cosas funcionaron y de que manera, todas las obras están allí, en pie y la mayoría son únicas, porque del 58 hasta hoy, no han podido superarlas.
Lo que se hizo para aquel momento, lograba satisfacer las expectativas del venezolano, pero llegada la era democrática, no se vio más allá para ir complementando, de acuerdo a las necesidades que surgieran, las soluciones.
La historia de nuestro petróleo comienza en plena dictadura de Juan Vicente Gómez. Si bien las empresas explotadoras sacaron el mayor provecho económico, algunos cambios se dieron en aquella Venezuela absolutamente rural, sometida al caudillismo, donde la fiebre de las guerras y las guerrillas se mantuvieron, hasta la llegada de Gómez. Mientras nuestro país se debatía en la lucha del poder de unos caudillos, en otras naciones, por cierto muy criticadas, iban superando páginas similares para enrumbarse hacia lo que hoy son: países donde los problemas no están ausentes, pero con un cierto desarrollo.
A través del petróleo de esa época gomecista nos quedan aún, en uso, muchas carreteras y puentes, de manera especial en las zonas andinas, por esas mismas donde uno supone anduvo El Libertador. Cabe preguntar ¿acaso el petróleo, la mezcla para el asfalto, el cemento y las cabillas de la era de Gómez eran mejor que los actuales productos?. Eso precisa que no hemos aprovechado la tecnología y es que ésta queda a un lado, desechada, cuando surge la deshonestidad.
Mientras esa vialidad gomecista lograba satisfacer la necesidad de movilizarse en forma más segura por las vías, recuerden que los vehículos no desarrollaban altas velocidades y había más conciencia para conducir, por otro lado el venezolano del campo comenzó a abandonar su terruño, llevando a Venezuela a dejar de ser, paulatinamente, un país de vocación agrícola y pecuaria. Se fueron a merodear en las capitales de las entidades federales, creyendo que el “oro negro” podía ser su salvación.
No olvidemos aquella frase del desaparecido historiador y gran figura venezolana, aunque no perfecto porque nadie lo es, Arturo Uslar Pietri, cuando, algo menos algo más, recomendó la siembra del petróleo. Han pasado las décadas, estamos en otro siglo, y seguimos esperando por esa siembra.
Muchos políticos que luego llegaron a ejercer poder en Venezuela del 58 al 98 surgieron en la cuarta década del siglo pasado, una vez desaparecido físicamente Gómez y dejaron huellas, con sus ideales, pero que al momento de mandar, no respondieron a las expectativas (Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, a quienes se unen Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins). Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos, tratan de hacer algo, pero las interrupciones de los activistas políticos, colocan obstáculos y Venezuela, país del cual se dice que llegó muy retardado al siglo XX por la dictadura de Gómez, hasta mediados de la década de los 30 no terminaba de arrancar. Por cierto, la Maternidad Concepción Palacios de Caracas, fue inaugurada en 1938 por López Contreras, ¿cuántas de esas edificaciones hay diseminadas en la capital venezolana y en el interior del país?.
Sin pretender generar una defensa absoluta de Pérez Jiménez, nos encontramos que se produce una explosión, en positivo, con el desarrollo habitacional y es difícil encontrar una ciudad capital de estado que no tenga esas muestras. Lo mismo con los hospitales, muchos de ellos de categoría universitaria: dos ejemplos nada más, el insertado en la Ciudad Universitaria, sede de la UCV, así como el Hospital Central de Barquisimeto, Antonio María Pineda. En materia vial la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada en 1952 sigue siendo la única, ahora con un viaducto nuevo construido en esta supuesta revolución, ante la emergencia ya conocida. Si para la época de Pérez Jiménez se hubiese contado con la tecnología actual como para detectar el desplazamiento de la masa de la montaña, les aseguro que el antiguo viaducto lo hubieses hecho fuera del área de peligro.
La autopista regional del centro es un proyecto perezjimenista y han pasado 50 años de estar en servicio, ya no es suficiente para la circulación de miles y miles de vehículos de todos los tamaños que por allí circulan, el tiempo de vida útil del viaducto de La Cabrera se acaba y lo más impresionante es que ni los anteriores gobiernos y menos el actual, idearon una nueva vía. El Puente sobre el Lago de Maracaibo está allí, se sostiene aún pese a la falta de mantenimiento.
Vayan a Panamá y vean su esfuerzo. Un país con menos recursos que Venezuela, donde su principal ingreso proviene de la administración del Canal transoceánico, se han dado el lujo de construir una autopista desde Ciudad de Panamá a Colón, donde está la zona libre. Hecha con concreto porque les sale más económico que el asfalto. Facilita así el traslado de millones de turistas, de miles de comerciantes que van a comprar en Colón y queda la antigua carretera como una alternativa. Revisemos nosotros las vías alternas a nuestras autopistas, full de huecos y de inseguridad. ¿Ejemplos? La vieja carretera Caracas-La Guaira rodeada de barrios marginales donde impera el toque de queda para sus habitantes, peor para quienes osen circular en vehículos o motos; en Lara la vía vieja a Yaritagua y la de San Pablo, en absoluto abandono.
Después de Pérez Jiménez llegó esa época democrática, pero en el tiempo surgieron los descuidos, la falta de visión y se permitió el surgimiento de barrios en todas las ciudades, sin atinar a invertir lo necesario en desarrollos habitacionales para minimizar los ranchos. Muchos gobernantes y alcaldes tenían precisamente eso, el rancho en la cabeza y el Estado, como planificador, se desvió totalmente. Siempre han recomendado el crecimiento habitacional vertical, para aprovechar mejor el espacio del terreno, pero ni lo uno ni lo otro. Por ello la demanda comenzó a superar la oferta y así se ha mantenido y agravado en los últimos años.
La administración de justicia, en todos sus niveles, comenzó a diluirse. De aquellos jueces probos, honestos, de aquella Corte Suprema de Justicia donde sentaban jurisprudencia, de aquellos funcionarios policiales que no descansaban hasta que lograban resolver un caso, hoy tenemos una debacle total y un país donde su administración de justicia está en duda, por ser uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad, cae en una situación lamentable: la impunidad.
Tanto en la democracia como en el desgobierno actual, se ha negado la importancia de la justicia. No es secreto que en gobiernos anteriores muchos jueces llegaron a tener una identificación con el partido mandante de turno, pero no con el descaro actual. Es más, el órgano rector de los jueces, se convirtió en muchas ocasiones en el vehículo ideal para pasarle factura a algún juez no afecto al mandante de turno. Es verdad que algunas veces castigaron a jueces a quienes se les comprobó irregularidades, pero centenares de denuncias que han debido procesar se quedaron en el papel. Ahora es peor: los jueces le temen al mandante, obedecen órdenes partidistas de manera exclusiva, enfilan hacia los opositores y nada se investiga de casos que toquen a los afectos.
Así tenemos a la Fiscalía del Ministerio Público, a una llamada Defensoría del Pueblo, a la Contraloría General de la República, desde donde se ha fortalecido la impunidad y con ello luz verde a la nefasta corrupción.
Que decir de los organismos policiales: rezagados más de 40 años con respecto a la tecnología, cuando deberíamos tener policías con unidades bien equipadas, sedes policiales con equipos necesarios para realizar las primeras experticias que permitan asegurar la identidad del autor del delito, recabar pruebas, disponer de lo más mínimo como para elaborar un expediente sólido que ayude a la Fiscalía a presentar la acusación capaz de meter en la celda al culpable.
Pero no, el descuido ha sido tal que nuestra policía se ha convertido en un ente que genera desconfianza: funcionarios mal preparados, mal pagados, desestimulados en el aspecto de seguridad social, expuestos a la justicia si actúa con mano dura, todo ello los convierte, sin generalizar, en blanco fácil para la corrupción.
Sedes donde trabajan en condiciones inhumanas. Vean la sede del CICPC de la zona industrial de Barquisimeto, cada vez que llueve se forma una piscina y mientras hay grandes cantidades terrenos vacíos, muchos de ellos invadidos, donde hace más de 30 años se hubiese podido construir una moderna sede para ese organismo, acorde con la importante ubicación geográfica de Barquisimeto. La morgue del Antonio María Pineda es la única, desde hace más de 60 años.
Entonces: ¿cómo no va a existir la impunidad si tenemos policías mal formados, pagados y mal equipados; empleados tribunalicios que cada año demandan el pago de sus beneficios socioeconómicos; jueces cuya permanencia depende cada día de un hilo? La guinda está en las cárceles ¿a eso le podemos llamar sistema carcelario? Donde se ha negado la posibilidad de la reinserción social del individuo que ha delinquido.
Estos son algunos de los panoramas que debe enfrentar cualquier persona que llegue a la presidencia de Venezuela. Nada fácil, complicado aún más por quien ha tenido la oportunidad de comenzar a enmendar todos esos errores, pero no lo ha hecho. Tuvo 14 años para echar raíces de soluciones, no llegaron.
Puede llegar otro a la presidencia, pero allí tiene el reto inmenso, no pueden pedirle que saque de la manga la varita mágica, porque esa no existe. Rodearse de personas serias y capaces, desprenderse de quien no lo haga bien, sin remordimiento de ningún tipo porque para tener malos amigos, es preferible entenderse con los enemigos.
En próximos días otros artículos sobre nuestra situación.
José Flores Ávila……11/09/2012

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