No hay varita mágica (2)
Hasta el cansancio se ha dicho que la inseguridad
es uno de los problemas del país que mayor impacto produce en el venezolano. En
mi concepto la impunidad, producto de la ausencia de la aplicación de justicia
y ésta, consecuencia del rezago de sus órganos operadores, es el principal
sostén de la creciente inseguridad.
La inseguridad se puede aplicar a muchas
situaciones: en lo social, lo económico, en la vialidad, en la propiedad
privada, en la salud y en la parte ciudadana, entre otras.
De ellas la inseguridad ciudadana es la de mayor
impacto, porque se trata de la diaria exposición a hechos violentos, de la
integridad física de cada persona, a merced de una delincuencia que hoy, más
que nunca, está cargada de un odio extremo, resentimiento y maldad, la cual se
expresa en el desprecio a la vida de su víctima la cual acaba, sin
misericordia, ante lo más banal que se nos pueda ocurrir.
Un país donde la familia, como uno de los núcleos
fundamentales se ha ido debilitando; la educación con infraestructuras pero con
serias deficiencias para un funcionamiento eficiente, donde la deserción
escolar queda sin ninguna posibilidad de recibir otra formación, en lo laboral,
por ejemplo; donde una elevada tasa de desempleo impide una mejor calidad de
vida; donde los órganos directos de la llamada administración de justicia andan
con una mano adelante y otra atrás, con serias deficiencias por las cuales no
aplican los correctivos deseados ante quienes se deslindan de lo moral, son
parte de los factores para generar esa impunidad y con ello consolidar a la inseguridad.
De manera momentánea vamos a dejar a un lado la
teoría y acudamos a lo práctico, en realidad lo que vemos a diario. Si cometo
un delito hoy y no me atrapan, porque la víctima no denunció y si lo hizo no se
investigó, si me detuvieron e investigaron pero no elaboraron un expediente con
suficientes evidencias y la Fiscalía me lleva al Juez, pero éste último cree
que hay deficiencias investigativas, pues me da la libertad. Regreso a la calle
y ante todas esas fallas, pues vuelvo a delinquir, reincido y cada vez puedo
tornarme más agresivo, más osado y llegar a delitos extremos, siempre confiado
en que el brazo de la justicia no me alcanzará.
La prevención no existe en la práctica. Hay una
teoría que precisa que la presencia del uniformado en la calle, puede alejar al
delincuente y con ello brindar una cierta seguridad al ciudadano. Antes se
suponía que el maleante prefería evadir al policía, pero ahora lo enfrenta
porque está mejor armado que el gendarme. Nadie sabe con exactitud cuántas armas
de fuego, de diversos calibres, están en la calle de manera ilícita.
En las décadas de los 60 y 70 podía verse en la recorrida
del policía a pie por las calles de cualquier ciudad. En la actualidad esto no
ocurre, porque piensan que hacerlo en bicicleta y en moto es más efectivo.
Teóricamente podría ser así, pero no hay ni la cantidad de agentes suficientes
y por ende las máquinas para ir de un lado a otro. No hay trabajo de
inteligencia policial para directa al foco del problema, sino que montan
alcabalas que causan molestias a los conductores y no dejan saldos positivos,
es más el intento de impresionar, que de tener efectividad.
Déficit
policial
La población venezolana creció de manera desmesurada,
desorganizada en lo urbanístico y con ello la minimización de los servicios,
pero los órganos encargados de la administración de justicia no avanzaron a la
par del incremento poblacional. Barrios, urbanizaciones, centros productivos
crecieron, pero sin poder garantizar el Estado la presencia policial y su
descuido ha sido tan enorme que el policía, pese a su enorme responsabilidad,
ha sido víctima de la desidia política, en todos sus niveles, razón por la cual
no está en capacidad de responder de manera efectiva ante los hechos
delictivos.
Difícil establecer el déficit de policías ante los
30 millones de personas que viven en nuestro amado país. Ningún gobierno atinó
en el blanco para revertir la situación y convertir la actividad policial en
una carrera digna, donde al policía se le garantice seguridad social y
jurídica, que abarque a su grupo familiar. No se logró el incremento de la
formación de agentes policiales, en la medida que creció esa población. No se
atacaron los vicios cuando comenzaron a aparecer, muchos de ellos provenientes
de un sueldo mísero. Cuando han decidido formar nuevas generaciones de
policías, esa preparación deja mucho que desear porque se hace con premura,
para tratar de aminorar la presión social.
Que podemos decir del aspecto logístico: fallas
gravísimas en armamento; unidades policiales variadas, de acuerdo a la
emergencia que le corresponda; equipos de nueva tecnología en comunicación y
para chequeo de antecedentes o de vehículos; infraestructura adecuada, entre
otros. Ahora no usan las jaulas patrullas para traslado del detenido, sino en
camionetas pickup con el consabido riesgo para el funcionario, quien va
agarrado, a duras penas, de una parte de la batea del vehículo para no caerse.
¿Han notado eso?. Imagínense cuál es la saturación de casos en cada uno de los funcionarios
del CICPC, desde el punto de vista humano, es imposible.
Al no existir la cantidad necesaria de funcionarios
policiales, en todos los niveles, entiéndase
para la prevención e investigación científica, se genera una acumulación
indeseable de denuncias de hechos criminales, lo cual significa que un
individuo puede tener hasta más de 30 casos por resolver. Para 1993 en Lara
ocurrieron menos de 100 homicidios en un año y no todos quedaron esclarecidos y
ya se hablaba de carencia de funcionarios. Imagínense ahora cuál es la saturación de
casos en cada uno de los funcionarios del CICPC, desde el punto de vista
humano, es imposible.
Antes de la vigencia del Código Orgánico Procesal
Penal, en todos los foros donde se habló el tema, la gran interrogante estuvo en
si los órganos del Estado estaban conscientes de la necesidad de modernizar el
aparato policial, para poder alcanzar una aplicación eficaz de lo establecido
en el texto, cuyo contenido siempre lució para una sociedad mejor preparada. El
tiempo ha dado la razón: el aparato policial no reúne las condiciones mínimas
para el éxito pleno del COPP blanco de varias reformas en el actual gobierno,
la mayoría de ellas producto de la desesperación, ante su incapacidad para
atender el tema de la inseguridad.
Insistimos en lo policial, porque es el policía
quien debe estar en la calle, es el primero que se topa con la escena de un
hecho criminal, de procesar las primeras versiones, ver la posibilidad de
echarle mano al presunto autor material del hecho, resguardar la zona y después
informar los detalles detectados a la policía científica, la cual recabará las
evidencias para darle forma en un expediente.
Luego es cuando el Fiscal del Ministerio Público es
informado, revisa, ordena otras investigaciones si considera que hay debilidad
para presentar el caso, hasta que pueda llevarle algo al juez que sea
sustancioso para asegurarse la detención del presunto criminal.
La realidad es otra: igual hay carencia de fiscales
y en consecuencia atosigamiento de causas por investigar, causas ante los
tribunales. No disponen de la cantidad necesaria de despachos y de personal
auxiliar. Situación similar padecen las defensorías, los tribunales.
Con el agravante que se trata de personal
especializado, profesional, mal pagado frente a sus responsabilidades para con
la sociedad. Ningún gobierno ha hecho justicia con los administradores de
justicia, para dignificar la carrera judicial, contaminada además por la sucia
politiquería.
Imaginan ustedes ¿cómo estarían los recintos
carcelarios del país si en realidad operaran de manera adecuada las policías,
fiscalía, defensoría y tribunales?. Si eso hubiese ocurrido en algún gobierno,
sería lógica pensar que el sistema carcelario sería otro, pero mejor. El tema
merece tocarlo en otro artículo aparte.
Todo lo señalado con anterioridad da pie para indicar que son
causas de la impunidad, frente a hechos punibles cometidos que no son
castigados, donde la víctima se convierte en doble víctima, es decir, primero
es víctima directa al ser blanco principal del delito o porque un familiar o
alguien allegado lo fue, luego es otra víctima más de la impunidad si no hay
castigo del culpable.
Puede que Venezuela sea uno de los países donde hay
mayor cantidad de leyes aprobadas, pero der igual manera donde se violan esas
leyes a diario, lo que les convierte en letra muerta. ¿No lo creen? vean como
desde el mismo gobierno vapulean todos los días a la Constitución.
Estúpidamente ahora en campaña electoral, es cuando
se vienen a dar cuenta que la inseguridad es preocupante. ¿Por qué desde el
principio no atacaron el problema y lo prometen ahora cuando vamos cerca de las
200 mil muertes violentas en los últimos años? y la mayoría de estas víctimas
eran personas en edad productiva.
Quieren llenarse la boda diciendo que han bajado los
índices de delitos, una mentira del tamaño de las torres de Parque Central de
Caracas. Por algo siempre se ha querido ocultar la cifra de cadáveres que
semanalmente ingresan a las morgues en el país. Muchas víctimas de robos y
hurtos, deciden no denunciar porque temen que no se investigue. Delito es
delito, así se trate de 100 mil bolívares (de los viejos) despojados a un
trabajador o se trate de 100 millones de Bs. y por tanto debería ser
investigado.
Han llegado a la desesperación extrema de decir un
ministro que la muerte de supuestos ajusticiados a manos de la policía o de la
misma hampa, en enfrentamientos entre bandas, no podían ser considerados
homicidios. Cualquier bobada nace en la desesperación: cada muerte debería ser
investigada y más cuando proviene de un hecho violento, así de simple.
Cuidarnos
nosotros mismos
Ante la ausencia de una varita mágica y mientras no
llegue el Estado a establecer los correctivos,
cuyos resultados no se verían a corto ni mediano plazo, hay que decirlo
con la verdad por delante, somos los ciudadanos quienes tratamos de inventarnos
métodos o acciones para cuidarnos: nos aplican toque de queda en muchas zonas,
más vale estar en casa que en la calle expuestos, aunque en la casa igual
peligramos. De esa manera montar cualquier dispositivo de seguridad en el inmueble
para cuando estemos en él o cuando al regresar del trabajo o del estudio, no
encontrarnos con la casa saqueada.
Si tiene carro invierta en cuanto dispositivo de
seguridad le pueda montar, alguno funcionará. Preferible ir a estacionamientos,
donde no pasarán de exponerlo a hurtos internos, pero en la calle es peor porque
lo pueden atacar al momento de subirse y de desactivar la tranca-palanca o la
bóveda.
Quiere rumbear o comerse una parrillita, hágalo en
su casa, pásele cerradura al portón, equípese con todo para no tener que salir
a comprar en la noche alguna espumosa o hielo. Tienen como quedarse, pues
quédense, hay muchos que esconden las llaves.
No circule por zonas oscuras, aunque hay otra
verdad, nuestras ciudades son mal iluminadas, ejemplo, Barquisimeto y Cabudare.
Circule por las avenidas citadinas.
Recuerde que un gobernador de Lara ante la muerte
violenta de una bailarina rusa dijo que era responsabilidad de la artista por
andar en sitios peligrosos. De esa manera irresponsable y despreciable
justificó ese asesinato, pero evadió cualquier responsabilidad ante la
ineficiencia policial y la falta de protección para los ciudadanos.
Así estamos, muchas veces presos en nuestras
propias casas o apartamentos, por temor a salir y ser blanco de un delincuente
y si sobrevive, no tener que pasar por la calidad de ver como su caso queda
impune. Mientras no se castigue al delincuente de manera ejemplarizante, con la
aplicación de la justicia a través de juicios ajustados a las normas establecidas,
todo bajo una absoluta independencia del Poder Judicial y no interferido por la
mala política, no vamos a salir adelante, se mantendrá la impunidad y con ello
la inseguridad en su trono mal habido.
José Flores Ávila…..12/09/2012
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