miércoles, 12 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (2)


No hay varita mágica (2)
Hasta el cansancio se ha dicho que la inseguridad es uno de los problemas del país que mayor impacto produce en el venezolano. En mi concepto la impunidad, producto de la ausencia de la aplicación de justicia y ésta, consecuencia del rezago de sus órganos operadores, es el principal sostén de la creciente inseguridad.
La inseguridad se puede aplicar a muchas situaciones: en lo social, lo económico, en la vialidad, en la propiedad privada, en la salud y en la parte ciudadana, entre otras.
De ellas la inseguridad ciudadana es la de mayor impacto, porque se trata de la diaria exposición a hechos violentos, de la integridad física de cada persona, a merced de una delincuencia que hoy, más que nunca, está cargada de un odio extremo, resentimiento y maldad, la cual se expresa en el desprecio a la vida de su víctima la cual acaba, sin misericordia, ante lo más banal que se nos pueda ocurrir.
Un país donde la familia, como uno de los núcleos fundamentales se ha ido debilitando; la educación con infraestructuras pero con serias deficiencias para un funcionamiento eficiente, donde la deserción escolar queda sin ninguna posibilidad de recibir otra formación, en lo laboral, por ejemplo; donde una elevada tasa de desempleo impide una mejor calidad de vida; donde los órganos directos de la llamada administración de justicia andan con una mano adelante y otra atrás, con serias deficiencias por las cuales no aplican los correctivos deseados ante quienes se deslindan de lo moral, son parte de los factores para generar esa impunidad y con ello consolidar a la inseguridad.
De manera momentánea vamos a dejar a un lado la teoría y acudamos a lo práctico, en realidad lo que vemos a diario. Si cometo un delito hoy y no me atrapan, porque la víctima no denunció y si lo hizo no se investigó, si me detuvieron e investigaron pero no elaboraron un expediente con suficientes evidencias y la Fiscalía me lleva al Juez, pero éste último cree que hay deficiencias investigativas, pues me da la libertad. Regreso a la calle y ante todas esas fallas, pues vuelvo a delinquir, reincido y cada vez puedo tornarme más agresivo, más osado y llegar a delitos extremos, siempre confiado en que el brazo de la justicia no me alcanzará.
La prevención no existe en la práctica. Hay una teoría que precisa que la presencia del uniformado en la calle, puede alejar al delincuente y con ello brindar una cierta seguridad al ciudadano. Antes se suponía que el maleante prefería evadir al policía, pero ahora lo enfrenta porque está mejor armado que el gendarme. Nadie sabe con exactitud cuántas armas de fuego, de diversos calibres, están en la calle de manera ilícita.
En las décadas de los 60 y 70 podía verse en la recorrida del policía a pie por las calles de cualquier ciudad. En la actualidad esto no ocurre, porque piensan que hacerlo en bicicleta y en moto es más efectivo. Teóricamente podría ser así, pero no hay ni la cantidad de agentes suficientes y por ende las máquinas para ir de un lado a otro. No hay trabajo de inteligencia policial para directa al foco del problema, sino que montan alcabalas que causan molestias a los conductores y no dejan saldos positivos, es más el intento de impresionar, que de tener efectividad.
Déficit policial
La población venezolana creció de manera desmesurada, desorganizada en lo urbanístico y con ello la minimización de los servicios, pero los órganos encargados de la administración de justicia no avanzaron a la par del incremento poblacional. Barrios, urbanizaciones, centros productivos crecieron, pero sin poder garantizar el Estado la presencia policial y su descuido ha sido tan enorme que el policía, pese a su enorme responsabilidad, ha sido víctima de la desidia política, en todos sus niveles, razón por la cual no está en capacidad de responder de manera efectiva ante los hechos delictivos.
Difícil establecer el déficit de policías ante los 30 millones de personas que viven en nuestro amado país. Ningún gobierno atinó en el blanco para revertir la situación y convertir la actividad policial en una carrera digna, donde al policía se le garantice seguridad social y jurídica, que abarque a su grupo familiar. No se logró el incremento de la formación de agentes policiales, en la medida que creció esa población. No se atacaron los vicios cuando comenzaron a aparecer, muchos de ellos provenientes de un sueldo mísero. Cuando han decidido formar nuevas generaciones de policías, esa preparación deja mucho que desear porque se hace con premura, para tratar de aminorar la presión social.
Que podemos decir del aspecto logístico: fallas gravísimas en armamento; unidades policiales variadas, de acuerdo a la emergencia que le corresponda; equipos de nueva tecnología en comunicación y para chequeo de antecedentes o de vehículos; infraestructura adecuada, entre otros. Ahora no usan las jaulas patrullas para traslado del detenido, sino en camionetas pickup con el consabido riesgo para el funcionario, quien va agarrado, a duras penas, de una parte de la batea del vehículo para no caerse. ¿Han notado eso?. Imagínense cuál es la saturación de casos en cada uno de los funcionarios del CICPC, desde el punto de vista humano, es imposible.
Al no existir la cantidad necesaria de funcionarios policiales, en todos los niveles,  entiéndase para la prevención e investigación científica, se genera una acumulación indeseable de denuncias de hechos criminales, lo cual significa que un individuo puede tener hasta más de 30 casos por resolver. Para 1993 en Lara ocurrieron menos de 100 homicidios en un año y no todos quedaron esclarecidos y ya se hablaba de carencia de funcionarios.  Imagínense ahora cuál es la saturación de casos en cada uno de los funcionarios del CICPC, desde el punto de vista humano, es imposible.
Antes de la vigencia del Código Orgánico Procesal Penal, en todos los foros donde se habló el tema, la gran interrogante estuvo en si los órganos del Estado estaban conscientes de la necesidad de modernizar el aparato policial, para poder alcanzar una aplicación eficaz de lo establecido en el texto, cuyo contenido siempre lució para una sociedad mejor preparada. El tiempo ha dado la razón: el aparato policial no reúne las condiciones mínimas para el éxito pleno del COPP blanco de varias reformas en el actual gobierno, la mayoría de ellas producto de la desesperación, ante su incapacidad para atender el tema de la inseguridad.
Insistimos en lo policial, porque es el policía quien debe estar en la calle, es el primero que se topa con la escena de un hecho criminal, de procesar las primeras versiones, ver la posibilidad de echarle mano al presunto autor material del hecho, resguardar la zona y después informar los detalles detectados a la policía científica, la cual recabará las evidencias para darle forma en un expediente.
Luego es cuando el Fiscal del Ministerio Público es informado, revisa, ordena otras investigaciones si considera que hay debilidad para presentar el caso, hasta que pueda llevarle algo al juez que sea sustancioso para asegurarse la detención del presunto criminal.
La realidad es otra: igual hay carencia de fiscales y en consecuencia atosigamiento de causas por investigar, causas ante los tribunales. No disponen de la cantidad necesaria de despachos y de personal auxiliar. Situación similar padecen las defensorías, los tribunales.
Con el agravante que se trata de personal especializado, profesional, mal pagado frente a sus responsabilidades para con la sociedad. Ningún gobierno ha hecho justicia con los administradores de justicia, para dignificar la carrera judicial, contaminada además por la sucia politiquería.
Imaginan ustedes ¿cómo estarían los recintos carcelarios del país si en realidad operaran de manera adecuada las policías, fiscalía, defensoría y tribunales?. Si eso hubiese ocurrido en algún gobierno, sería lógica pensar que el sistema carcelario sería otro, pero mejor. El tema merece tocarlo en otro artículo aparte.
Todo lo señalado con  anterioridad da pie para indicar que son causas de la impunidad, frente a hechos punibles cometidos que no son castigados, donde la víctima se convierte en doble víctima, es decir, primero es víctima directa al ser blanco principal del delito o porque un familiar o alguien allegado lo fue, luego es otra víctima más de la impunidad si no hay castigo del culpable.
Puede que Venezuela sea uno de los países donde hay mayor cantidad de leyes aprobadas, pero der igual manera donde se violan esas leyes a diario, lo que les convierte en letra muerta. ¿No lo creen? vean como desde el mismo gobierno vapulean todos los días a la Constitución.
Estúpidamente ahora en campaña electoral, es cuando se vienen a dar cuenta que la inseguridad es preocupante. ¿Por qué desde el principio no atacaron el problema y lo prometen ahora cuando vamos cerca de las 200 mil muertes violentas en los últimos años? y la mayoría de estas víctimas eran personas en edad productiva.
Quieren llenarse la boda diciendo que han bajado los índices de delitos, una mentira del tamaño de las torres de Parque Central de Caracas. Por algo siempre se ha querido ocultar la cifra de cadáveres que semanalmente ingresan a las morgues en el país. Muchas víctimas de robos y hurtos, deciden no denunciar porque temen que no se investigue. Delito es delito, así se trate de 100 mil bolívares (de los viejos) despojados a un trabajador o se trate de 100 millones de Bs. y por tanto debería ser investigado.
Han llegado a la desesperación extrema de decir un ministro que la muerte de supuestos ajusticiados a manos de la policía o de la misma hampa, en enfrentamientos entre bandas, no podían ser considerados homicidios. Cualquier bobada nace en la desesperación: cada muerte debería ser investigada y más cuando proviene de un hecho violento, así de simple.
Cuidarnos nosotros mismos
Ante la ausencia de una varita mágica y mientras no llegue el Estado a establecer los correctivos,  cuyos resultados no se verían a corto ni mediano plazo, hay que decirlo con la verdad por delante, somos los ciudadanos quienes tratamos de inventarnos métodos o acciones para cuidarnos: nos aplican toque de queda en muchas zonas, más vale estar en casa que en la calle expuestos, aunque en la casa igual peligramos. De esa manera montar cualquier dispositivo de seguridad en el inmueble para cuando estemos en él o cuando al regresar del trabajo o del estudio, no encontrarnos con la casa saqueada.
Si tiene carro invierta en cuanto dispositivo de seguridad le pueda montar, alguno funcionará. Preferible ir a estacionamientos, donde no pasarán de exponerlo a hurtos internos, pero en la calle es peor porque lo pueden atacar al momento de subirse y de desactivar la tranca-palanca o la bóveda.
Quiere rumbear o comerse una parrillita, hágalo en su casa, pásele cerradura al portón, equípese con todo para no tener que salir a comprar en la noche alguna espumosa o hielo. Tienen como quedarse, pues quédense, hay muchos que esconden las llaves.
No circule por zonas oscuras, aunque hay otra verdad, nuestras ciudades son mal iluminadas, ejemplo, Barquisimeto y Cabudare. Circule por las avenidas citadinas.
Recuerde que un gobernador de Lara ante la muerte violenta de una bailarina rusa dijo que era responsabilidad de la artista por andar en sitios peligrosos. De esa manera irresponsable y despreciable justificó ese asesinato, pero evadió cualquier responsabilidad ante la ineficiencia policial y la falta de protección para los ciudadanos.
Así estamos, muchas veces presos en nuestras propias casas o apartamentos, por temor a salir y ser blanco de un delincuente y si sobrevive, no tener que pasar por la calidad de ver como su caso queda impune. Mientras no se castigue al delincuente de manera ejemplarizante, con la aplicación de la justicia a través de juicios ajustados a las normas establecidas, todo bajo una absoluta independencia del Poder Judicial y no interferido por la mala política, no vamos a salir adelante, se mantendrá la impunidad y con ello la inseguridad en su trono mal habido.
José Flores Ávila…..12/09/2012   

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