viernes, 14 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (3)


No hay varita mágica (3)
Las matemáticas es ciencia exacta: 2+2= 4 y así podríamos ir a una sumatoria infinita, por citar un ejemplo. Por más que han tratado de desvirtuar este concepto, no han podido y es lo que conoce el humano desde hace muchísimos siglos.
Aunque existen variadas discusiones acerca del concepto y uso del término lógica, para no entrar en esas honduras, vamos a recordar que solemos emplearlo cuando decimos, por ejemplo: tengo gripe pero no le paro, voy a sitios donde hay frío extremo y agarro tremenda neumonía, termino en un hospital o clínica y lo primero que te dicen es “te pasa por no cuidarte, es lógico que termines aquí”.
Veamos una realidad absoluta: si un país como Venezuela donde ningún gobierno ha podido echar a andar un auténtico programa de desarrollo agrícola y pecuario, salvo las acciones del sector privado, es lógico que presente un déficit elevado de productos que permitan a la población, cercana a los 30 millones de personas, satisfacer las necesidades alimenticias, razón por la que debe apelar a las importaciones y así favorece a los productores de otras naciones. Para eso dispone de los ingresos petroleros, pero no podemos olvidar que ese líquido espeso que está en el subsuelo no va a ser eterno.
Recuerdo que en los inicios de los 60, en el arranque de la era democrática venezolana, se puso en marcha el programa de la Reforma Agraria y alcanzó algunos resultados positivos, pero la mezquindad política, la pobreza mental de la dirigencia política, terminó por echar a tierra el proyecto, además de la presencia de zamuros que se beneficiaron y no pagaron los créditos recibidos de manos del Estado, en una clara evidencia de corrupción no combatida en varios organismos oficiales.
Para la década de los 90 es cierta la existencia de una producción interna que cubría una buena parte de la demanda alimenticia del venezolano, pero nunca se ha llegado a tener la totalidad del producto sembrado y cosechado en nuestras ricas tierras.
El eterno coco del humano será el reto de producir la cantidad necesaria de alimentos, para que no haya hambre. Las tierras enriquecidas de manera natural, son el manjar que todos quieren tener en sus manos y hay pueblos, a través de la historia, que se han enfrentado en cruentas guerras para apoderarse de la tierra y del agua que corre por los cauces de los ríos.
Y el problema es que el crecimiento de la población mundial se traduce en mayor demanda de alimentos y agua potable. En Venezuela los politiqueros, por esa “mesma” condición, no han entendido la necesidad y obligación de alcanzar una producción interna capaz de llevarnos al autoabastecimiento.
Se requiere actualizar los estudios que se han hecho y que identifican las cualidades nutritivas de cada tierra, para de esa forma tratar de iniciar la siembra del petróleo, ¿cómo, vamos a comer petróleo? no vale que los ingresos petroleros permitan desarrollar esa política decidida para determinar la adquisición de las semillas certificadas, los equipos mecánicos para facilitar el arado de la tierra, las investigaciones indispensable para obtener el mejor rendimiento integral donde se debe involucrar a las universidades, disponer de los servicios remunerados de ingenieros agrónomos y de otros profesionales relacionados con ese sector, invertir para el mejor aprovechamiento del agua, luego brindar la protección necesaria a lo cosechado para que no se deteriore, mientras se distribuye a los centros poblados para su venta y consumo, así como brindar el cuidado debido a quienes trabajan en el campo.
Parece fácil, pero es complicado, porque la falta de gerencia, de honestidad, de disposición siempre lo ha tornado en difícil. La prueba está en la cantidad de organismos creados para desarrollar un programa de generación de alimentos, pero el fracaso ha sido rotundo, tanto que hoy Venezuela importa más de 70 u 80 por ciento de lo que consumimos.
Una de las causas de ese fracaso está en otorgar créditos que luego no son destinados al proyecto agrícola o pecuario. Pasa porque no aplican las supervisiones obligatorias, comprobar que se cumple con el cronograma. Lo más grave es que ese financiamiento se pierde, no es recuperado, quedando otros en espera y frustrados, al ver que no se reciclan los créditos. Además, en los organismos los funcionarios deshonestos y sinvergüenzas colocan alcabalas con sus respectivas tarifas, para aligerarte la solicitud.
Nunca han faltado los “vivos” que se han apoderado de tierras que son lomitos, de maquinarias y amasan fortunas a expensas de explotar de manera inmisericorde a quien le trabaja. Han existido siempre, de manera lamentable, hasta con trampas. Hay quienes se han apoderado de miles y miles de hectáreas de través de los años, pero es que nunca ningún organismo gubernamental frenó esto, pese a que existen leyes al respecto, pero como siempre, las dejamos en letra muerta.
Cuando el actual gobierno arrancó una de las primeras cosas que hizo fue enfilar contra el latifundio, contra los llamados terratenientes, porque debía hacer una distribución justa y social de las tierras y así se le echó mano a centenares de fincas, fundos y haciendas, sin pagar las bienhechurías y metieron allí a personas que no saben cómo es el trabajo ni agrícola ni pecuario.
¿Cuál es el resultado? la mayoría de esas instalaciones que eran productivas, pasaron luego al abandono total, quedando como una gran mentira la promesa de poner esas tierras para la producción de los rubros que permitieran llegar al autoabastecimiento. Se quiso hacer una gracia y salió una morisqueta, tal como lo hicieron con empresas que suministraban los insumos, hoy destrozadas.
Fracasó porque las personas que metieron allí no recibieron la asistencia del Estado, quedaron a la deriva y sin poder responder como se lo habían pedido. Donde labraron la tierra y sembraron, las cosechas fracasaron porque no hubo asesoramiento, todo el afán decir que si estaba en proceso revolucionario. En terrenos del Valle del Turbio está la prueba con la pérdida de la siembra de girasol.
El cuento es muy largo, pero queda claro que país que no produce alimentos para su autoabastecimiento, queda condenado a importar; gobiernos que no estimulen a los productores locales, no tendrán como llegar al autoabastecimiento.
Sin necesidad de ser un estudioso de la economía tenemos claro: si no tengo producción interna de alimentos, debo importar, al importar se invierte más dinero para traer los alimentos, y se termina con  un precio final elevado que lo paga es el consumidor, lo cual se suma a los altos índices de inflación.
Sueldo básico siempre por debajo de la inflación, significa un cinturón sumamente apretado para un grupo familiar. ¿Cómo hacer para eso se revierta? pues estimulando la producción interna para que haya abundancia, variedad y así la competencia, pero tratando de garantizar que el de menor poder adquisitivo pueda conseguir el alimento, disponer de alternativas. A mayor inflación, mayor presión para que se aumenten los sueldos y de esa forma la cadena siempre va estar en un mismo lugar, estática, porque el engranaje no funciona.
El sector pecuario sobrevive, pero debería alcanzar una producción abrumadora, única manera de impedir que los precios continúen en ascenso y es que resulta tan sabroso cuando uno va a un mercado popular, un auto mercado y encuentra las neveras full, un sinónimo de abundancia y de tener la oportunidad de escoger.
El Estado debe financiar las investigaciones en las universidades, para que de manera conjunta con grupos de productores puedan desarrollar ejemplares de distintas especies que terminan en producto cárnico, en base a un alto rendimiento. El ejemplo más palpable es el ganado tipo Carora, donde los productores privados han pasado varias décadas para obtener resultados.
Lamentable que el actual gobierno haya echado mano a varios fundos donde estaban desarrollando otras investigaciones, cuyos resultados ya no se conocerán porque los procesos fueron interrumpidos, no les dieron continuidad y así no se puede salir adelante, ni se puede aspirar a tener un desarrollo en el sector alimentario, por lo que no podemos hablar de “soberanía alimentaria”.
¿Cómo sería nuestra situación si Venezuela no tuviera petróleo? las cosas fáciles las convertimos en difíciles, que va….
José Flores Ávila….14/09/2012







jueves, 13 de septiembre de 2012

Mirarse el rabo de paja


Mirarse el rabo de paja
Pensaba escribir el capítulo tres de No hay varita mágica, en torno al horror carcelario venezolano, pero surgió una denuncia de parte de un diputado oficialista contra un colega suyo de la oposición, en torno a un presunto soborno donde el parlamentario habría recibido dinero de manos de un comerciante, para destinarlo a la campaña del candidato opositor.
El propio aspirante a la presidencia de la República, así como el comando de campaña y el partido al cual pertenece el  denunciado, anunciaron su desincorporación de las actividades políticas, mientras se investiga y se determina si es cierta o falsa la denuncia.
Pienso que de ser cierta es un grave error el cometido por el diputado, porque le asesta un golpe tremendo a su candidato y debe ser sancionado. De no ser así, estamos en presencia de un ardid de extrema suciedad, lo cual no me extrañaría porque es la manera cochina exhibida por la dirigencia política del país, no de ahora, sino de siempre, pero que en la actualidad está elevada a la máxima potencia.
Seguro estaba, y no me equivoqué, que esta situación la iban a aprovechar en el sector oficialista y sus seguidores, para echarle candela y exigir una investigación contra el diputado, ya anunciada en el seno de la Asamblea Nacional y se buscará, sea cierta o no la denuncia, enterrarlo políticamente hablando para quitarse a otro enemigo del camino.
Están en su derecho de investigar, pero hay varios puntos que me llaman la atención y esto me gustaría que lo leyeran todos, de manera especial los que a través de estos medios no aportan nada para analizar sino estupideces y ofensas, ocupándose de situaciones que ocurren en otros lares cuando tenemos al país en una olla de presión. Iba a utilizar un término, pero me lo guardo para no ofender.
Me hubiese gustado y habría aplaudido si la Asamblea Nacional investigaba el caso de los casi 800 mil dólares que fueron a parar a Argentina, presuntamente para financiar parte de la campaña de la actual mandataria de esa nación.
De igual manera si se hubiese pronunciado el parlamento venezolano para determinar la veracidad no del deterioro de miles de toneladas de alimentos en los puertos venezolanos, donde el país perdió una mil millonaria cifra de dólares. Que la oposición exageró las denuncias, se puede entender porque en política, aunque no estoy de acuerdo con ello, se busca cualquier excusa para atacar al enemigo, pero lo cierto es que se ha debido averiguar.
Creo que sería interminable la lista de ejemplos donde la Asamblea Nacional no tomó la iniciativa de investigar. Si lo hubiese hecho, significaba algo sano porque se detectaban los errores, pero con la firmeza de corregir y es que cuando no se investiga, queda una cortina negra de dudas difíciles de borrar. Si llegaban a la sanción de los responsables mejor aún, porque sería un primer paso para decir que se puede minimizar la impunidad ante graves delitos.
La Asamblea Nacional y el gobierno “mesmo” perdieron una gran oportunidad al no investigar y pronunciarse, de manera seria, acerca de las denuncias contra altos oficiales militares de estar vinculados al narcoterrorismo, sino que surgió de inmediato una actitud solidaria que se torna cómplice, mientras los hechos no queden esclarecidos.
Fíjense el caso de un general colombiano, de alto confianza del gobierno anterior, cuando fue señalado de estar en negocios con el narcotráfico, supuestamente solicitado por el FBI y la DEA, viajó a Estados Unidos, se puso a la orden, echó el cuento de lo que sabía y admitió una relación con grupos paramilitares que, en su país y en muchas ocasiones, cometieron hechos atroces en detrimento de los derechos humanos.
En otras naciones, donde hay poder económico, funcionarios que han sido cuestionados por presunta comisión de irregularidades administrativas, de inmediato han puesto a la orden su cargo para someterse a una investigación. Muchos han salido inocentes, pero prefieren no regresar a sus funciones oficiales, ¿por qué si es inocente? porque la raya siempre queda, como decimos acá.
La muestra más reciente la tenemos con la tragedia en Amuay, la cual ha pasado a un segundo plano con todas las cortinas políticas de humo. El mandante de manera irresponsable dijo “la función debe continuar” y pregunto ¿cuál función por Dios?. Él ha debido ser el primero en solicitar una investigación de inmediato, y ser secundado por la Asamblea Nacional, con el objeto de determinar la veracidad de las denuncias acerca de la falta de mantenimiento. Su ministro de energía y presidente de PDVSA ha debido poner el cargo a la orden para que se facilitara una averiguación seria.
En Japón ante la tragedia del año pasado, los ministros de los sectores más afectados, renunciaron, de manera especial el del despacho de energía atómica, para que averiguaran y llenos de vergüenza, pero lo nuestros ¿acaso saben que significa esa palabra?.
Esta es la misma condenada actuación política que hemos visto en el país a lo largo de los gobiernos que he conocido desde 1958 hacia acá y por eso es que no terminamos de salir del foso donde estamos, donde cada vez nos hundimos más.
Para mi es decepcionante y jamás lo olvidaré, el caso de aquel ministro copeyano que se enriqueció ilícitamente, se fue del país cuando comenzaron a investigarlo y se dice que trató de comprar un título nobiliario. Eso quedó impune y siempre lo criticaré porque resultó un mal ejemplo para todos. Una mala señal “ah, él si pudo, porque yo no”.
Ahora bien ¿cuáles han sido los candidatos presidenciales que no han recibido apoyo económico de empresarios, comerciantes y hasta grupos foráneos?. En Estados Unidos recaudan fondos para la campaña política, tanto el actual presidente como el aspirante, pero se maneja de otra forma. Y esos donativos no son gratuitos, siempre surge un compromiso para futuro, para pagarte el favorcito. Nadie da nada a cambio de. Pero si el diputado denunciado recibió esa donación de la forma como se ha denunciado, con un supuesto vídeo, pues deben investigar y determinar si  el mismo no se trata de un montaje.
Ahora bien, me preocupa la calidad del denunciante, porque permite poner en duda todo, por cuanto ese personaje fue Alcalde en el Municipio Torres y por allí pasó sin pena ni gloria, hubo quejas de su misma gente, pero nunca investigaron, así es que creo que no tiene moral para abrir la boca, al igual que el diputado, exministro y extodo, pero máximo “embustero” quien dijo que Ramiro Montesinos estaba muerto y que nos espiaban a través de la televisión por cable.
Esa es la cosa, cuál es la moral del denunciante, para de esa forma brindarle fortaleza a lo expuesto. Sancionen al diputado Caldera si es culpable, lo pueden sacar del camino político, pero igual debería hacerse contra los incursos en corrupción administrativa dentro del gobierno, para que sea una actitud ejemplarizante. Yo no como ese cuento de la Fiscalía y de la Contraloría general de la República de que si no hay denuncia no investigan. Ellos pecan por omisión, porque tienen la facultad de investigar por noticia críminis y si resulta falsa la denuncia, pueden sancionar al medio, lo que pasa es que al estar comprometidos como ficha del partido de gobierno, es obvio que no hagan un zipote.
Por eso es que hay que mirarse primero el rabo de paja antes de hablar, antes de echar candela al ignorar lo malo que se ha hecho y que no se ha investigado. Hay que tener moral, yo la tengo.
José Flores Ávila….13/09/2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (2)


No hay varita mágica (2)
Hasta el cansancio se ha dicho que la inseguridad es uno de los problemas del país que mayor impacto produce en el venezolano. En mi concepto la impunidad, producto de la ausencia de la aplicación de justicia y ésta, consecuencia del rezago de sus órganos operadores, es el principal sostén de la creciente inseguridad.
La inseguridad se puede aplicar a muchas situaciones: en lo social, lo económico, en la vialidad, en la propiedad privada, en la salud y en la parte ciudadana, entre otras.
De ellas la inseguridad ciudadana es la de mayor impacto, porque se trata de la diaria exposición a hechos violentos, de la integridad física de cada persona, a merced de una delincuencia que hoy, más que nunca, está cargada de un odio extremo, resentimiento y maldad, la cual se expresa en el desprecio a la vida de su víctima la cual acaba, sin misericordia, ante lo más banal que se nos pueda ocurrir.
Un país donde la familia, como uno de los núcleos fundamentales se ha ido debilitando; la educación con infraestructuras pero con serias deficiencias para un funcionamiento eficiente, donde la deserción escolar queda sin ninguna posibilidad de recibir otra formación, en lo laboral, por ejemplo; donde una elevada tasa de desempleo impide una mejor calidad de vida; donde los órganos directos de la llamada administración de justicia andan con una mano adelante y otra atrás, con serias deficiencias por las cuales no aplican los correctivos deseados ante quienes se deslindan de lo moral, son parte de los factores para generar esa impunidad y con ello consolidar a la inseguridad.
De manera momentánea vamos a dejar a un lado la teoría y acudamos a lo práctico, en realidad lo que vemos a diario. Si cometo un delito hoy y no me atrapan, porque la víctima no denunció y si lo hizo no se investigó, si me detuvieron e investigaron pero no elaboraron un expediente con suficientes evidencias y la Fiscalía me lleva al Juez, pero éste último cree que hay deficiencias investigativas, pues me da la libertad. Regreso a la calle y ante todas esas fallas, pues vuelvo a delinquir, reincido y cada vez puedo tornarme más agresivo, más osado y llegar a delitos extremos, siempre confiado en que el brazo de la justicia no me alcanzará.
La prevención no existe en la práctica. Hay una teoría que precisa que la presencia del uniformado en la calle, puede alejar al delincuente y con ello brindar una cierta seguridad al ciudadano. Antes se suponía que el maleante prefería evadir al policía, pero ahora lo enfrenta porque está mejor armado que el gendarme. Nadie sabe con exactitud cuántas armas de fuego, de diversos calibres, están en la calle de manera ilícita.
En las décadas de los 60 y 70 podía verse en la recorrida del policía a pie por las calles de cualquier ciudad. En la actualidad esto no ocurre, porque piensan que hacerlo en bicicleta y en moto es más efectivo. Teóricamente podría ser así, pero no hay ni la cantidad de agentes suficientes y por ende las máquinas para ir de un lado a otro. No hay trabajo de inteligencia policial para directa al foco del problema, sino que montan alcabalas que causan molestias a los conductores y no dejan saldos positivos, es más el intento de impresionar, que de tener efectividad.
Déficit policial
La población venezolana creció de manera desmesurada, desorganizada en lo urbanístico y con ello la minimización de los servicios, pero los órganos encargados de la administración de justicia no avanzaron a la par del incremento poblacional. Barrios, urbanizaciones, centros productivos crecieron, pero sin poder garantizar el Estado la presencia policial y su descuido ha sido tan enorme que el policía, pese a su enorme responsabilidad, ha sido víctima de la desidia política, en todos sus niveles, razón por la cual no está en capacidad de responder de manera efectiva ante los hechos delictivos.
Difícil establecer el déficit de policías ante los 30 millones de personas que viven en nuestro amado país. Ningún gobierno atinó en el blanco para revertir la situación y convertir la actividad policial en una carrera digna, donde al policía se le garantice seguridad social y jurídica, que abarque a su grupo familiar. No se logró el incremento de la formación de agentes policiales, en la medida que creció esa población. No se atacaron los vicios cuando comenzaron a aparecer, muchos de ellos provenientes de un sueldo mísero. Cuando han decidido formar nuevas generaciones de policías, esa preparación deja mucho que desear porque se hace con premura, para tratar de aminorar la presión social.
Que podemos decir del aspecto logístico: fallas gravísimas en armamento; unidades policiales variadas, de acuerdo a la emergencia que le corresponda; equipos de nueva tecnología en comunicación y para chequeo de antecedentes o de vehículos; infraestructura adecuada, entre otros. Ahora no usan las jaulas patrullas para traslado del detenido, sino en camionetas pickup con el consabido riesgo para el funcionario, quien va agarrado, a duras penas, de una parte de la batea del vehículo para no caerse. ¿Han notado eso?. Imagínense cuál es la saturación de casos en cada uno de los funcionarios del CICPC, desde el punto de vista humano, es imposible.
Al no existir la cantidad necesaria de funcionarios policiales, en todos los niveles,  entiéndase para la prevención e investigación científica, se genera una acumulación indeseable de denuncias de hechos criminales, lo cual significa que un individuo puede tener hasta más de 30 casos por resolver. Para 1993 en Lara ocurrieron menos de 100 homicidios en un año y no todos quedaron esclarecidos y ya se hablaba de carencia de funcionarios.  Imagínense ahora cuál es la saturación de casos en cada uno de los funcionarios del CICPC, desde el punto de vista humano, es imposible.
Antes de la vigencia del Código Orgánico Procesal Penal, en todos los foros donde se habló el tema, la gran interrogante estuvo en si los órganos del Estado estaban conscientes de la necesidad de modernizar el aparato policial, para poder alcanzar una aplicación eficaz de lo establecido en el texto, cuyo contenido siempre lució para una sociedad mejor preparada. El tiempo ha dado la razón: el aparato policial no reúne las condiciones mínimas para el éxito pleno del COPP blanco de varias reformas en el actual gobierno, la mayoría de ellas producto de la desesperación, ante su incapacidad para atender el tema de la inseguridad.
Insistimos en lo policial, porque es el policía quien debe estar en la calle, es el primero que se topa con la escena de un hecho criminal, de procesar las primeras versiones, ver la posibilidad de echarle mano al presunto autor material del hecho, resguardar la zona y después informar los detalles detectados a la policía científica, la cual recabará las evidencias para darle forma en un expediente.
Luego es cuando el Fiscal del Ministerio Público es informado, revisa, ordena otras investigaciones si considera que hay debilidad para presentar el caso, hasta que pueda llevarle algo al juez que sea sustancioso para asegurarse la detención del presunto criminal.
La realidad es otra: igual hay carencia de fiscales y en consecuencia atosigamiento de causas por investigar, causas ante los tribunales. No disponen de la cantidad necesaria de despachos y de personal auxiliar. Situación similar padecen las defensorías, los tribunales.
Con el agravante que se trata de personal especializado, profesional, mal pagado frente a sus responsabilidades para con la sociedad. Ningún gobierno ha hecho justicia con los administradores de justicia, para dignificar la carrera judicial, contaminada además por la sucia politiquería.
Imaginan ustedes ¿cómo estarían los recintos carcelarios del país si en realidad operaran de manera adecuada las policías, fiscalía, defensoría y tribunales?. Si eso hubiese ocurrido en algún gobierno, sería lógica pensar que el sistema carcelario sería otro, pero mejor. El tema merece tocarlo en otro artículo aparte.
Todo lo señalado con  anterioridad da pie para indicar que son causas de la impunidad, frente a hechos punibles cometidos que no son castigados, donde la víctima se convierte en doble víctima, es decir, primero es víctima directa al ser blanco principal del delito o porque un familiar o alguien allegado lo fue, luego es otra víctima más de la impunidad si no hay castigo del culpable.
Puede que Venezuela sea uno de los países donde hay mayor cantidad de leyes aprobadas, pero der igual manera donde se violan esas leyes a diario, lo que les convierte en letra muerta. ¿No lo creen? vean como desde el mismo gobierno vapulean todos los días a la Constitución.
Estúpidamente ahora en campaña electoral, es cuando se vienen a dar cuenta que la inseguridad es preocupante. ¿Por qué desde el principio no atacaron el problema y lo prometen ahora cuando vamos cerca de las 200 mil muertes violentas en los últimos años? y la mayoría de estas víctimas eran personas en edad productiva.
Quieren llenarse la boda diciendo que han bajado los índices de delitos, una mentira del tamaño de las torres de Parque Central de Caracas. Por algo siempre se ha querido ocultar la cifra de cadáveres que semanalmente ingresan a las morgues en el país. Muchas víctimas de robos y hurtos, deciden no denunciar porque temen que no se investigue. Delito es delito, así se trate de 100 mil bolívares (de los viejos) despojados a un trabajador o se trate de 100 millones de Bs. y por tanto debería ser investigado.
Han llegado a la desesperación extrema de decir un ministro que la muerte de supuestos ajusticiados a manos de la policía o de la misma hampa, en enfrentamientos entre bandas, no podían ser considerados homicidios. Cualquier bobada nace en la desesperación: cada muerte debería ser investigada y más cuando proviene de un hecho violento, así de simple.
Cuidarnos nosotros mismos
Ante la ausencia de una varita mágica y mientras no llegue el Estado a establecer los correctivos,  cuyos resultados no se verían a corto ni mediano plazo, hay que decirlo con la verdad por delante, somos los ciudadanos quienes tratamos de inventarnos métodos o acciones para cuidarnos: nos aplican toque de queda en muchas zonas, más vale estar en casa que en la calle expuestos, aunque en la casa igual peligramos. De esa manera montar cualquier dispositivo de seguridad en el inmueble para cuando estemos en él o cuando al regresar del trabajo o del estudio, no encontrarnos con la casa saqueada.
Si tiene carro invierta en cuanto dispositivo de seguridad le pueda montar, alguno funcionará. Preferible ir a estacionamientos, donde no pasarán de exponerlo a hurtos internos, pero en la calle es peor porque lo pueden atacar al momento de subirse y de desactivar la tranca-palanca o la bóveda.
Quiere rumbear o comerse una parrillita, hágalo en su casa, pásele cerradura al portón, equípese con todo para no tener que salir a comprar en la noche alguna espumosa o hielo. Tienen como quedarse, pues quédense, hay muchos que esconden las llaves.
No circule por zonas oscuras, aunque hay otra verdad, nuestras ciudades son mal iluminadas, ejemplo, Barquisimeto y Cabudare. Circule por las avenidas citadinas.
Recuerde que un gobernador de Lara ante la muerte violenta de una bailarina rusa dijo que era responsabilidad de la artista por andar en sitios peligrosos. De esa manera irresponsable y despreciable justificó ese asesinato, pero evadió cualquier responsabilidad ante la ineficiencia policial y la falta de protección para los ciudadanos.
Así estamos, muchas veces presos en nuestras propias casas o apartamentos, por temor a salir y ser blanco de un delincuente y si sobrevive, no tener que pasar por la calidad de ver como su caso queda impune. Mientras no se castigue al delincuente de manera ejemplarizante, con la aplicación de la justicia a través de juicios ajustados a las normas establecidas, todo bajo una absoluta independencia del Poder Judicial y no interferido por la mala política, no vamos a salir adelante, se mantendrá la impunidad y con ello la inseguridad en su trono mal habido.
José Flores Ávila…..12/09/2012   

martes, 11 de septiembre de 2012

No hay varita mágica (1)


No hay varita mágica (I)
Creer que una persona llega a la presidencia de una nación con una varita mágica en la mano, para solucionar todos los problemas, es mantenerse fuera de la realidad. Esto viene al pelo ante las próximas elecciones presidenciales en nuestro amado país.
En la historia de Venezuela desde 1958 al 2012 se han presentado varias ocasiones en las cuales el único producto que nos brinda un  ingreso seguro, el petróleo, ha alcanzado precios que han generado cifras mil millonarias de dólares, pero nunca antes como en los últimos años, pero con el mismo resultado: desperdicio absoluto.
HCF en los 14 años de gobierno ha desperdiciado la gran oportunidad de echar adelante al país. Por un lado esos ingresos petroleros no han sido distribuidos, de modo tal, para permitirle al venezolano una mejor calidad de vida integral.
Veamos: los gobernantes y alcaldes, quienes en amplia mayoría al principio pintaron de rojo el mapa geopolítico del país, no han podido desarrollar a sus entidades, a las ciudades. Su propio “líder” les ha negado la posibilidad de cumplir, lo que en resumidas cuentas, se revierte contra él “mesmo”. Que decir de los estados donde gobiernan los de la oposición, pues no les entregan los recursos y ¿cree HCF que le hace un daño a los gobernantes y alcaldes que se le oponen? pues no, afecta al “pueblo” a final de cuentas, porque los funcionarios electos pasan y los problemas que aquejan a las comunidades quedan allí.
Contó con un gran chance de llevar a Venezuela hacia un rumbo positivo, pero no lo ha aprovechado, por el contrario, sigue afianzándose en la teoría de que es el representante de la gente pobre, en su único defensor ante el olvido de quienes gobernaron al país desde 1958 hasta 1998 pero vale preguntar ¿qué ha hecho HCF para revertir la situación de los pobres?, o sea, hay que mantenerlos en esa posición porque es la única forma de que su mensaje llegue. Gobierna apoyándose en la miseria, pero no hace nada para que se supere el individuo.
Reconozco que es cierto cuando se dice que en esos 40 años de democracia (58-98) se lograron algunos avances, pero muy en el fondo se permitió que la pobreza creciera, se descuidó a aquellos grupos sociales donde surgieron comunidades sin coordinación, llenas de necesidades mínimas; no se le brindó al venezolano desorientado una alternativa para satisfacer sus expectativas en todos los sentidos. Los ingresos petroleros de entonces, tampoco fueron reinvertidos para mejorar.
Aquellos proyectos desarrollados, muchos de ellos bajo una administración de dictadura, aún permanecen en el tiempo: urbanizaciones, centros asistenciales, edificaciones educativas, carreteras, orden y seguridad, generalmente con mano dura, pero las cosas funcionaron y de que manera, todas las obras están allí, en pie y la mayoría son únicas, porque del 58 hasta hoy, no han podido superarlas.
Lo que se hizo para aquel momento, lograba satisfacer las expectativas del venezolano, pero llegada la era democrática, no se vio más allá para ir complementando, de acuerdo a las necesidades que surgieran, las soluciones.
La historia de nuestro petróleo comienza en plena dictadura de Juan Vicente Gómez. Si bien las empresas explotadoras sacaron el mayor provecho económico, algunos cambios se dieron en aquella Venezuela absolutamente rural, sometida al caudillismo, donde la fiebre de las guerras y las guerrillas se mantuvieron, hasta la llegada de Gómez. Mientras nuestro país se debatía en la lucha del poder de unos caudillos, en otras naciones, por cierto muy criticadas, iban superando páginas similares para enrumbarse hacia lo que hoy son: países donde los problemas no están ausentes, pero con un cierto desarrollo.
A través del petróleo de esa época gomecista nos quedan aún, en uso, muchas carreteras y puentes, de manera especial en las zonas andinas, por esas mismas donde uno supone anduvo El Libertador. Cabe preguntar ¿acaso el petróleo, la mezcla para el asfalto, el cemento y las cabillas de la era de Gómez eran mejor que los actuales productos?. Eso precisa que no hemos aprovechado la tecnología y es que ésta queda a un lado, desechada, cuando surge la deshonestidad.
Mientras esa vialidad gomecista lograba satisfacer la necesidad de movilizarse en forma más segura por las vías, recuerden que los vehículos no desarrollaban altas velocidades y había más conciencia para conducir, por otro lado el venezolano del campo comenzó a abandonar su terruño, llevando a Venezuela a dejar de ser, paulatinamente, un país de vocación agrícola y pecuaria. Se fueron a merodear en las capitales de las entidades federales, creyendo que el “oro negro” podía ser su salvación.
No olvidemos aquella frase del desaparecido historiador y gran figura venezolana, aunque no perfecto porque nadie lo es, Arturo Uslar Pietri, cuando, algo menos algo más, recomendó la siembra del petróleo. Han pasado las décadas, estamos en otro siglo, y seguimos esperando por esa siembra.
Muchos políticos que luego llegaron a ejercer poder en Venezuela del 58 al 98 surgieron en la cuarta década del siglo pasado, una vez desaparecido físicamente Gómez y dejaron huellas, con sus ideales, pero que al momento de mandar, no respondieron a las expectativas (Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, a quienes se unen Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins). Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos, tratan de hacer algo, pero las interrupciones de los activistas políticos, colocan obstáculos y Venezuela, país del cual se dice que llegó muy retardado al siglo XX por la dictadura de Gómez, hasta mediados de la década de los 30 no terminaba de arrancar. Por cierto, la Maternidad Concepción Palacios de Caracas, fue inaugurada en 1938 por López Contreras, ¿cuántas de esas edificaciones hay diseminadas en la capital venezolana y en el interior del país?.
Sin pretender generar una defensa absoluta de Pérez Jiménez, nos encontramos que se produce una explosión, en positivo, con el desarrollo habitacional y es difícil encontrar una ciudad capital de estado que no tenga esas muestras. Lo mismo con los hospitales, muchos de ellos de categoría universitaria: dos ejemplos nada más, el insertado en la Ciudad Universitaria, sede de la UCV, así como el Hospital Central de Barquisimeto, Antonio María Pineda. En materia vial la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada en 1952 sigue siendo la única, ahora con un viaducto nuevo construido en esta supuesta revolución, ante la emergencia ya conocida. Si para la época de Pérez Jiménez se hubiese contado con la tecnología actual como para detectar el desplazamiento de la masa de la montaña, les aseguro que el antiguo viaducto lo hubieses hecho fuera del área de peligro.
La autopista regional del centro es un proyecto perezjimenista y han pasado 50 años de estar en servicio, ya no es suficiente para la circulación de miles y miles de vehículos de todos los tamaños que por allí circulan, el tiempo de vida útil del viaducto de La Cabrera se acaba y lo más impresionante es que ni los anteriores gobiernos y menos el actual, idearon una nueva vía. El Puente sobre el Lago de Maracaibo está allí, se sostiene aún pese a la falta de mantenimiento.
Vayan a Panamá y vean su esfuerzo. Un país con menos recursos que Venezuela, donde su principal ingreso proviene de la administración del Canal transoceánico, se han dado el lujo de construir una autopista desde Ciudad de Panamá a Colón, donde está la zona libre. Hecha con concreto porque les sale más económico que el asfalto. Facilita así el traslado de millones de turistas, de miles de comerciantes que van a comprar en Colón y queda la antigua carretera como una alternativa. Revisemos nosotros las vías alternas a nuestras autopistas, full de huecos y de inseguridad. ¿Ejemplos? La vieja carretera Caracas-La Guaira rodeada de barrios marginales donde impera el toque de queda para sus habitantes, peor para quienes osen circular en vehículos o motos; en Lara la vía vieja a Yaritagua y la de San Pablo, en absoluto abandono.
Después de Pérez Jiménez llegó esa época democrática, pero en el tiempo surgieron los descuidos, la falta de visión y se permitió el surgimiento de barrios en todas las ciudades, sin atinar a invertir lo necesario en desarrollos habitacionales para minimizar los ranchos. Muchos gobernantes y alcaldes tenían precisamente eso, el rancho en la cabeza y el Estado, como planificador, se desvió totalmente. Siempre han recomendado el crecimiento habitacional vertical, para aprovechar mejor el espacio del terreno, pero ni lo uno ni lo otro. Por ello la demanda comenzó a superar la oferta y así se ha mantenido y agravado en los últimos años.
La administración de justicia, en todos sus niveles, comenzó a diluirse. De aquellos jueces probos, honestos, de aquella Corte Suprema de Justicia donde sentaban jurisprudencia, de aquellos funcionarios policiales que no descansaban hasta que lograban resolver un caso, hoy tenemos una debacle total y un país donde su administración de justicia está en duda, por ser uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad, cae en una situación lamentable: la impunidad.
Tanto en la democracia como en el desgobierno actual, se ha negado la importancia de la justicia. No es secreto que en gobiernos anteriores muchos jueces llegaron a tener una identificación con el partido mandante de turno, pero no con el descaro actual. Es más, el órgano rector de los jueces, se convirtió en muchas ocasiones en el vehículo ideal para pasarle factura a algún juez no afecto al mandante de turno. Es verdad que algunas veces castigaron a jueces a quienes se les comprobó irregularidades, pero centenares de denuncias que han debido procesar se quedaron en el papel. Ahora es peor: los jueces le temen al mandante, obedecen órdenes partidistas de manera exclusiva, enfilan hacia los opositores y nada se investiga de casos que toquen a los afectos.
Así tenemos a la Fiscalía del Ministerio Público, a una llamada Defensoría del Pueblo, a la Contraloría General de la República, desde donde se ha fortalecido la impunidad y con ello luz verde a la nefasta corrupción.
Que decir de los organismos policiales: rezagados más de 40 años con respecto a la tecnología, cuando deberíamos tener policías con unidades bien equipadas, sedes policiales con equipos necesarios para realizar las primeras experticias que permitan asegurar la identidad del autor del delito, recabar pruebas, disponer de lo más mínimo como para elaborar un expediente sólido que ayude a la Fiscalía a presentar la acusación capaz de meter en la celda al culpable.
Pero no, el descuido ha sido tal que nuestra policía se ha convertido en un ente que genera desconfianza: funcionarios mal preparados, mal pagados, desestimulados en el aspecto de seguridad social, expuestos a la justicia si actúa con mano dura, todo ello los convierte, sin generalizar, en blanco fácil para la corrupción.
Sedes donde trabajan en condiciones inhumanas. Vean la sede del CICPC de la zona industrial de Barquisimeto, cada vez que llueve se forma una piscina y mientras hay grandes cantidades terrenos vacíos, muchos de ellos invadidos, donde hace más de 30 años se hubiese podido construir una moderna sede para ese organismo, acorde con la importante ubicación geográfica de Barquisimeto. La morgue del Antonio María Pineda es la única, desde hace más de 60 años.
Entonces: ¿cómo no va a existir la impunidad si tenemos policías mal formados, pagados y mal equipados; empleados tribunalicios que cada año demandan el pago de sus beneficios socioeconómicos; jueces cuya permanencia depende cada día de un hilo? La guinda está en las cárceles ¿a eso le podemos llamar sistema carcelario? Donde se ha negado la posibilidad de la reinserción social del individuo que ha delinquido.
Estos son algunos de los panoramas que debe enfrentar cualquier persona que llegue a la presidencia de Venezuela. Nada fácil, complicado aún más por quien ha tenido la oportunidad de comenzar a enmendar todos esos errores, pero no lo ha hecho. Tuvo 14 años para echar raíces de soluciones, no llegaron.
Puede llegar otro a la presidencia, pero allí tiene el reto inmenso, no pueden pedirle que saque de la manga la varita mágica, porque esa no existe. Rodearse de personas serias y capaces, desprenderse de quien no lo haga bien, sin remordimiento de ningún tipo porque para tener malos amigos, es preferible entenderse con los enemigos.
En próximos días otros artículos sobre nuestra situación.
José Flores Ávila……11/09/2012