No hay varita mágica (3)
Las matemáticas es ciencia exacta: 2+2= 4 y así
podríamos ir a una sumatoria infinita, por citar un ejemplo. Por más que han
tratado de desvirtuar este concepto, no han podido y es lo que conoce el humano
desde hace muchísimos siglos.
Aunque existen variadas discusiones acerca del
concepto y uso del término lógica, para no entrar en esas honduras, vamos a
recordar que solemos emplearlo cuando decimos, por ejemplo: tengo gripe pero no
le paro, voy a sitios donde hay frío extremo y agarro tremenda neumonía,
termino en un hospital o clínica y lo primero que te dicen es “te pasa por no
cuidarte, es lógico que termines aquí”.
Veamos una realidad absoluta: si un país como
Venezuela donde ningún gobierno ha podido echar a andar un auténtico programa
de desarrollo agrícola y pecuario, salvo las acciones del sector privado, es
lógico que presente un déficit elevado de productos que permitan a la
población, cercana a los 30 millones de personas, satisfacer las necesidades
alimenticias, razón por la que debe apelar a las importaciones y así favorece a
los productores de otras naciones. Para eso dispone de los ingresos petroleros,
pero no podemos olvidar que ese líquido espeso que está en el subsuelo no va a
ser eterno.
Recuerdo que en los inicios de los 60, en el
arranque de la era democrática venezolana, se puso en marcha el programa de la
Reforma Agraria y alcanzó algunos resultados positivos, pero la mezquindad
política, la pobreza mental de la dirigencia política, terminó por echar a
tierra el proyecto, además de la presencia de zamuros que se beneficiaron y no
pagaron los créditos recibidos de manos del Estado, en una clara evidencia de
corrupción no combatida en varios organismos oficiales.
Para la década de los 90 es cierta la existencia de
una producción interna que cubría una buena parte de la demanda alimenticia del
venezolano, pero nunca se ha llegado a tener la totalidad del producto sembrado
y cosechado en nuestras ricas tierras.
El eterno coco del humano será el reto de producir
la cantidad necesaria de alimentos, para que no haya hambre. Las tierras
enriquecidas de manera natural, son el manjar que todos quieren tener en sus
manos y hay pueblos, a través de la historia, que se han enfrentado en cruentas
guerras para apoderarse de la tierra y del agua que corre por los cauces de los
ríos.
Y el problema es que el crecimiento de la población
mundial se traduce en mayor demanda de alimentos y agua potable. En Venezuela
los politiqueros, por esa “mesma” condición, no han entendido la necesidad y
obligación de alcanzar una producción interna capaz de llevarnos al
autoabastecimiento.
Se requiere actualizar los estudios que se han
hecho y que identifican las cualidades nutritivas de cada tierra, para de esa
forma tratar de iniciar la siembra del petróleo, ¿cómo, vamos a comer petróleo?
no vale que los ingresos petroleros permitan desarrollar esa política decidida
para determinar la adquisición de las semillas certificadas, los equipos
mecánicos para facilitar el arado de la tierra, las investigaciones
indispensable para obtener el mejor rendimiento integral donde se debe
involucrar a las universidades, disponer de los servicios remunerados de
ingenieros agrónomos y de otros profesionales relacionados con ese sector, invertir
para el mejor aprovechamiento del agua, luego brindar la protección necesaria a
lo cosechado para que no se deteriore, mientras se distribuye a los centros
poblados para su venta y consumo, así como brindar el cuidado debido a quienes
trabajan en el campo.
Parece fácil, pero es complicado, porque la falta
de gerencia, de honestidad, de disposición siempre lo ha tornado en difícil. La
prueba está en la cantidad de organismos creados para desarrollar un programa
de generación de alimentos, pero el fracaso ha sido rotundo, tanto que hoy Venezuela
importa más de 70 u 80 por ciento de lo que consumimos.
Una de las causas de ese fracaso está en otorgar
créditos que luego no son destinados al proyecto agrícola o pecuario. Pasa
porque no aplican las supervisiones obligatorias, comprobar que se cumple con
el cronograma. Lo más grave es que ese financiamiento se pierde, no es
recuperado, quedando otros en espera y frustrados, al ver que no se reciclan
los créditos. Además, en los organismos los funcionarios deshonestos y
sinvergüenzas colocan alcabalas con sus respectivas tarifas, para aligerarte la
solicitud.
Nunca han faltado los “vivos” que se han apoderado
de tierras que son lomitos, de maquinarias y amasan fortunas a expensas de
explotar de manera inmisericorde a quien le trabaja. Han existido siempre, de
manera lamentable, hasta con trampas. Hay quienes se han apoderado de miles y
miles de hectáreas de través de los años, pero es que nunca ningún organismo gubernamental
frenó esto, pese a que existen leyes al respecto, pero como siempre, las
dejamos en letra muerta.
Cuando el actual gobierno arrancó una de las
primeras cosas que hizo fue enfilar contra el latifundio, contra los llamados
terratenientes, porque debía hacer una distribución justa y social de las
tierras y así se le echó mano a centenares de fincas, fundos y haciendas, sin
pagar las bienhechurías y metieron allí a personas que no saben cómo es el
trabajo ni agrícola ni pecuario.
¿Cuál es el resultado? la mayoría de esas instalaciones
que eran productivas, pasaron luego al abandono total, quedando como una gran
mentira la promesa de poner esas tierras para la producción de los rubros que
permitieran llegar al autoabastecimiento. Se quiso hacer una gracia y salió una
morisqueta, tal como lo hicieron con empresas que suministraban los insumos,
hoy destrozadas.
Fracasó porque las personas que metieron allí no
recibieron la asistencia del Estado, quedaron a la deriva y sin poder responder
como se lo habían pedido. Donde labraron la tierra y sembraron, las cosechas
fracasaron porque no hubo asesoramiento, todo el afán decir que si estaba en
proceso revolucionario. En terrenos del Valle del Turbio está la prueba con la
pérdida de la siembra de girasol.
El cuento es muy largo, pero queda claro que país
que no produce alimentos para su autoabastecimiento, queda condenado a importar;
gobiernos que no estimulen a los productores locales, no tendrán como llegar al
autoabastecimiento.
Sin necesidad de ser un estudioso de la economía
tenemos claro: si no tengo producción interna de alimentos, debo importar, al
importar se invierte más dinero para traer los alimentos, y se termina con un precio final elevado que lo paga es el
consumidor, lo cual se suma a los altos índices de inflación.
Sueldo básico siempre por debajo de la inflación,
significa un cinturón sumamente apretado para un grupo familiar. ¿Cómo hacer
para eso se revierta? pues estimulando la producción interna para que haya abundancia,
variedad y así la competencia, pero tratando de garantizar que el de menor
poder adquisitivo pueda conseguir el alimento, disponer de alternativas. A
mayor inflación, mayor presión para que se aumenten los sueldos y de esa forma
la cadena siempre va estar en un mismo lugar, estática, porque el engranaje no
funciona.
El sector pecuario sobrevive, pero debería alcanzar
una producción abrumadora, única manera de impedir que los precios continúen en
ascenso y es que resulta tan sabroso cuando uno va a un mercado popular, un auto
mercado y encuentra las neveras full, un sinónimo de abundancia y de tener la
oportunidad de escoger.
El Estado debe financiar las investigaciones en las
universidades, para que de manera conjunta con grupos de productores puedan
desarrollar ejemplares de distintas especies que terminan en producto cárnico,
en base a un alto rendimiento. El ejemplo más palpable es el ganado tipo
Carora, donde los productores privados han pasado varias décadas para obtener
resultados.
Lamentable que el actual gobierno haya echado mano
a varios fundos donde estaban desarrollando otras investigaciones, cuyos
resultados ya no se conocerán porque los procesos fueron interrumpidos, no les
dieron continuidad y así no se puede salir adelante, ni se puede aspirar a
tener un desarrollo en el sector alimentario, por lo que no podemos hablar de “soberanía
alimentaria”.
¿Cómo sería nuestra situación si Venezuela no
tuviera petróleo? las cosas fáciles las convertimos en difíciles, que va….
José Flores Ávila….14/09/2012